Running

Published on mayo 18th, 2015 | by Antonio Garzón Fresneda

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La primera, pero no la última

El domingo 3 de mayo tuve finalmente mi carrera de 11 kilómetros y, como ya dije en su día, se trataba de mi primera carrera. Se que no es ninguna epopella, pero prometí que escribiría  para hablar de mis sensaciones durante la carrera, así que allá vamos.

Al tratarse de mi primera vez estaba un pelín nervioso, asíque valoré mucho estar acompañado por mi pareja. Pero no se trataba solo de que fuese la primera vez. Esa misma semana me surgieron molestias en la rodilla derecha. Estaba seguro de que las molestias resurgirían en mitad de la carrera  , pero la pregunta que no dejaba de rondar por mi cabeza era: “ ¿Me respetará lo suficiente para terminar la carrera? Estaba segurísimo de que habría mucha gente más preparada que yo, así que no iba con la idea de competir por los primeros puestos. Pero lo que no concebía era no terminar la carrera. Pero, ¿realmente podría? Y ¿en qué estado? Esto si que me tenía un poco inquieto.

La carrera se aproximaba, la gente se iba agolpando y yo mientras repasaba si había hecho todo lo necesario para empezar la carrera en el mejor estado posible. Además tenía algo muy claro. No obsesionarme con el ritmo del resto, lo importante era dosificar. De pronto comenzó la cuenta atrás, llegó el momento.

Antes que nada he de decir que el trayecto, aun siendo algunos tramos más duros de lo que esperaba, fue genial. Tanto el trayecto de la playa como el del parque periurbano me encantaron.

Tampoco puedo olvidarme de los organizadores de la carrera. Como no he estado en otras antes no puedo comparar, pero debo decir que no esperaba tanta amabilidad y apoyo. Desde la mitad de la carrera, muchos de los organizadores tuvieron palabras de ánimo hacia nosotros, y la verdad es que cuando empiezas a estar cansado eso se agradece bastante.

En esta carrera empezamos simultáneamente gente que solo correría 4 kilómetros con los que haríamos los 11. La verdad es que no esperaba que fuéramos tan pocos lo que elegimos hacer 11 kilómetros. Pero pronto me di cuenta en una bifurcación. Casi todos se dieron la vuelta y solo unos pocos continuamos.

Las cosas como son, llegados a este punto del trayecto yo no me encontraba precisamente entre los primeros. Pero físicamente estaba perfecto y para mí eso era lo importante. No podía estar más animado mientras disfrutaba del trayecto. Además reconozco que el día no pudo ser mejor, ya que una hora antes de que comenzase la carrera empezó a nublarse. Perfecto para sudar lo justo.

Andaba el minuto 45 aproximadamente y yo ya estaba empezando a pensar sobre lo que escribiría cuando, de pronto, la rodilla volvió a hacerse un hueco en esta historia. Y es que comenzaron los pinchazos, y con ellos volvieron mis miedos. Éstos eran suaves de momento, pero era evidente que iría a más. Comenzaba además el trayecto más duro. Un trayecto empedrado en la playa lleno cuestas. Muy buenas vistas, pero no lo mejor para mi rodilla.

Casi pasada la hora de carrera, por fin veía el final del camino de playa. Tantas vueltas nos dieron que parecía que no acababa nunca, pero ya por fin veía el final. Sinceramente, ya estaba empezando a cojear y empezaba a tener unas ganas enormes por llegar.

De vuelta al asfalto quedaban simplemente dos kilómetros, y curiosamente empecé a venirme arriba. No se si era psicológico o no, pero incluso mi rodilla parecía dolerme menos. Y ya no os cuento cuando se veía la meta a lo lejos. Saqué todas mis fuerzas y empecé a correr cada vez más deprisa. Eso si, hubo un momento en que me pareció que la meta no terminaba de llegar nunca y pensé que el spring final lo había comenzado demasiado pronto. Pero ya daba igual, la meta estaba al alcance de mi mano y no pensaba aflojar ahora. Y claro que llegué. No de los primeros. Pero orgulloso por el esfuerzo que hice y convencido de que ésta no sería la última, sino la primera de muchas.

Eso si, ya sería otro día. El resto del domingo tocaba descanso y algún que otro capricho gastronómico. Lo bueno de correr 11 kilómetros un domingo es que no puedes sentirte mal comas lo que comas.

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Sobre el autor

Antonio Garzón Fresneda

Diplomado en Ciencias Empresariales. Me considero un liberal apasionado de la economía(sobre la cual escribo) y aprendiz de trading.



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