Senderismo

Published on julio 13th, 2015 | by Carmen PF

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Kilómetros mágicos en Marruecos

Volvíamos en el coche, y como siempre tiendo a forzarme a no dormirme en él. Primero porque puede ser letal en un accidente, y segundo, porque no me gusta dejar a mi padre solo conduciendo.

Estos momentos son los que aprovecho para reflexionar sobre lo que he vivido, y lo que estoy sintiendo.

Hoy quiero contaros que he sumado unos 4,5 km más de vida, de momento los más hermosos que han visto mis ojos. Una excursión de senderismo al “Puente de Dios” (Al Qantara de Rabí como es conocido por los lugareños). Se trata de una oquedad natural a unos 35 metros del nivel del suelo creada de manera totalmente natural por la erosión del río Farda sobre las paredes de roca caliza. Esta estructura, se encuentra dentro del Parque Nacional de Talassemtane en el norte de Marruecos (Rif occidental) cerca de Chaouen.

Esta excursión fue organizada por mis padres, con lo cual vino gente totalmente desconocida para mí. Este detalle, me hizo afinar aún más mis sentidos y darme cuenta de lo mucho que puedes conocer de una persona en un sendero: por su actitud corporal o anímica, por sus pasos, por su manera de afrontar los obstáculos, por sus miradas, por sus decisiones…

El sendero, era un “camino de aguas” por el que atravesábamos el río Farda por el centro de un desfiladero. Todos estábamos deseando pasar la presa al inicio del camino para meter los pies en el agua fría y cristalina. A partir de entonces, todo fue mucho más divertido y emocionante. Mientras avanzábamos deslumbrados por la magia de aquel lugar, experimentamos los primeros resbalones, caídas por pisar en falso, ahogadillas intencionadas… No dejábamos de sacar fotos de todo lo que nuestros ojos veían y la luz que llenaba aquel lugar y se reflejaba en el agua, hacía que me sintiera completa, tranquila y despreocupada. El tiempo se había detenido en el mediodía.

Era curioso ver como los lugareños transportaban cañas y materiales rudos río arriba donde descubrimos que habían construido pequeños cobertizos y porches donde tomar un refrigerio a mitad de camino. Ellos mismos estaban contribuyendo a que la magia de aquel lugar desapareciera…

Después de un par de horas, llegamos al “puente”. He de reconocer que por un segundo, me quedé atónita mirándolo. Los rayos del sol, la vegetación, el eco del ruido del agua y su color azul tan cristalino creaban una imagen que se convertía en la recompensa perfecta por haber caminado esos kilómetros. Pero lo que más plena me hizo sentir, fue ver como disfrutaban los míos tirándose desde las piedras, riendo y gozando con aquellas vistas. Es increíble y admirable la majestuosidad de aquella estructura.

Sin duda alguna volveré, porque quiero que mis aventureras vivan esta experiencia conmigo y se inunden sus corazones de esta magia que es la naturaleza.

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Sobre el autor

Carmen PF

Futura fisioterapeuta, siempre dispuesta a dar lo mejor de mí. "Da igual. Prueba otra vez. Fracasa otra vez. Fracasa mejor."



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